LA RED INVISIBLE

Articulo publicado en la 8tva edicion

Revista Reverdecer

www.reverdecer.org

Escrito por Rodrigo Accurso

 

LA RED INVISIBLE

 

 

Pensamientos, sentimientos y visiones para el amanecer de un Nuevo Tiempo.

 Me invitaron a escribir sobre el despertar hacia una consciencia de unidad: Todos somos uno. Tema amplio y polémico; complejo y con altos riesgos de generalizar. Inundado de aristas y opiniones; tarea no menor a la que he sido tentado para abordar.

Me centrarè en trasmitir algunas visiones y pensamientos en relación al marco de experiencias que nos definen como seres humanos hoy día. Iré desafiando sistemas de creencias,  proponiendo una reflexión sobre nuestro accionar cotidiano. Comencemos…

 RECONOCIÉNDONOS

Vivimos en ciudades donde un edificio suele ser nuestro lugar de esparcimiento y desarrollo. Creamos un modelo arquitectónico que repercute negativamente sobre nuestra psiquis; una plataforma de asentamiento que brinda confort y facilidad por un lado, mientras resta flexibilidad y fluidez por el otro. Genera una serie de beneficios estructurales, a la vez que nos aleja cada vez más de la comunicación entre hermanos. En la cultura ciudadana la tierra quedó en segundo plano, invisibilizando nuestra matriz primigenia de la que surge el sustento para la vida.

¿Qué ser humano podría creer que no es necesario un cambio y una transformación profunda en nuestro mundo? ¿Podremos construir un puente que conecte y comunique nuestros avances tecnológicos con la sabiduría ancestral y el conocimiento esencial?

Como primera meta propongo reconocer nuestra presencia y actitud al encontrarnos con el “otro”: ¿Cómo saludamos? ¿Con qué intenciones? ¿Bajo qué circunstancias? Si nos ocupáramos en saber cómo está el otro realmente, si pusiéramos algo de atención en sentir su estado interno, si reconociéramos el nuestro; entonces, comenzaríamos a dialogar en otros términos, atravesando la muralla social, política, ideológica y cultural que nos divide. Intuyo que abrir los ojos y reconocer aquello que me une con mis pares, poder brindarle una sonrisa, una palabra sincera, un abrazo de corazón, es el inicio de una nueva humanidad, teñida por una consciencia de unidad e integración. Una civilización que revalorice el acto de saludar, que de alguna forma significa dar salud. Una sociedad que se solidarice en los pequeños actos cotidianos, en las cosas simples, y que no espere catástrofes para reconocernos como Hermanos.

Juan Carr (Fundador de la Red Solidaria) lo expone de forma sintética y precisa en su libro Perdonen mi optimismo, cuando se refiere a la crisis como uno de los motores de nuestra emoción impulsándonos a actuar en pos de nuestro prójimo, el dice: “en la tragedia nos solidarizamos”. Si bien falta reconocer el estado de emergencia social y ecológico en el cual nos encontramos, poco a poco vamos comprendiendo que tenemos la oportunidad de  servir, aportar y construir, pensando en la comunidad no solo en los momentos difíciles, sino como un habito natural en nuestro día a día.

MÁS ALLÁ DE LO EVIDENTE

 Por años, nuestra ciencia moderna se dedicó a investigar y comprobar sus hipótesis a través de los famosos 5 sentidos, alcanzando un entendimiento racional de los fenómenos que suceden a nuestro alrededor y en nuestro cuerpo. Hoy, se arribó a un límite lógico (la frontera de lo cognitivo) y, como dice Antoine de Saint-Exupéry en “El Principito”, “lo esencial es invisible a los ojos”. Si bien se podría comprobar la existencia de otras dimensiones y niveles de consciencia a través de los instrumentos de medición creados, sucede que aún no estamos preparados para aceptar la vida humana como parte de un gran experimento, noción que confronta, ademas, directamente, con nuestras creencias religiosas actuales. Tal vez, si el universo es expansión y evoluciona sobre patrones geométricos que reflejan sus propias manifestaciones y entendemos que “como es arriba es abajo”, nosotros, seres humanos (fractales de este macrocosmos) deberíamos alentarnos para conceptualizar y contextualizar nuestros procesos históricos, fenómenos sociales, físicos y biológicos, a través del prisma de un tiempo circular que contemple los sentidos externos e internos de la vida (concepto antiguo que se puede encontrar en las principales culturas del planeta).

Al observar la naturaleza se comienza a encender una percepción sutil en nuestro cuerpo y en nuestra alma; y con naturaleza no me refiero solo al estar al aire libre en un bosque, un lago o una montaña, sino también a observar y procurar contemplar nuestro funcionamiento interno: la respiración, el sueño, la digestión, el sexo. Existe una inteligencia física que trasciende todo aquello que podamos o intentemos ordenar y organizar desde la mente. El mundo que se recrea cada mañana en nuestro cerebro (con sus diversos mecanismos neuronales) consta de un alto grado de inconsciencia. Se construye a través de símbolos y códigos que a primera vista escapan de nuestro entendimiento racional/analítico.

¿Cómo modificar patrones de conducta que ocupan un espacio del cual nuestra consciencia ordinaria es incapaz de abordar? ¿Acaso no sería necesario conducir nuestras vidas a través de nuevas pautas, trascendiendo las creencias preestablecidas por la mente colectiva?… ya Albert Einsten, ¡un científico!, lo decía: “Un problema no puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en que fue creado.”

Segunda meta: Contemplar las cosas como son y no como pensamos o creemos, por nuestra formación, que deberían de ser.

CONFIAR  Y  ACTUAR

Es inevitable tener sueños y dedicar nuestra vida a ir detrás de ellos. Sin sueños, sin ilusiones, sin deseos nuestra existencia se perdería. Es necesario determinar un rumbo, un sentido, una propuesta para con nosotros y los demás. Sin embargo, es común quedar atrapados en estos ideales, confundirnos y perder el foco de nuestro viaje por la vida. Los medios de comunicación, y todo lo que proviene de una fuente externa (libros, películas, personas, etc.) contribuye a que formemos una opinión, a que podamos evaluar nuestras experiencias y cada decisión que tomamos. Parte del desafió que somos invitados a compartir en esta época es vivir el sueño de un mundo diferente, a partir de nuestra capacidad de dirigir conscientemente nuestra voluntad. Por siglos se nos ha intentado desconectar de la fuente de donde proviene nuestra esencia. Se nos ha dicho, y programado, para creer que no somos dignos de experimentar la divinidad, lo sagrado, lo interno y lo profundo. Las mismas religiones, tergiversando las fuentes de sabiduría y conocimiento, impusieron un régimen donde el ser humano se encontraba en desventaja frente a un poder absoluto y supremo; el dogma incuestionable fue el arma para mantenernos en la ignorancia. Así, el autoritarismo nos fue alejando de nuestra capacidad de construir nuestra identidad y singularidad; de poder elegir, discernir y comprobar lo que es real de lo que no lo es. Cuando ciertamente, nadie tiene la autoridad para validar, o no, nuestras experiencias; salvo, claro, que nosotros lo permitamos. La paz, el amor, la armonía, la felicidad no solo se mide por índices externos. El efecto que generan nuestros pensamientos y sentimientos al estar alineados con un propósito solidario y trasformador no pueden ser captados en su totalidad. Por esto mismo, aventurémonos a expresar en nuestro microcosmos una consciencia de unidad.

Sugiero algo: funcionemos como órgano de consulta. Abramos los corazones para compartir sentires y sintetizar nuestras experiencias, identificando y exteriorizando los nuevos códigos que maduran internamente. Utilicemos las herramientas de comunicación creadas para construir un puente de entendimiento hacia la multidimensionalidad. Seamos agentes de cambio, y participemos de nuestras comunidades.

En síntesis: Nos vamos acercando al fin de un mundo( y no del mundo), de una comprensión tridimensional del tiempo, de la realidad, de la historia…de la vida. Algunas tradiciones indígenas hablan del fin de un Pachacuty, un tiempo de gran oscuridad que es precedido por un ciclo nuevo, donde somos invitados a experimentar de forma armoniosa y sagrada la relación con la vida y el mundo. Nuestro organismo esta siendo “bombardeado” de una información química y psíquica que regenera nuestro ADN, despertando hacia una integración con universos sutiles e inéditos para nuestro pensamiento. Somos llamados a vivenciar un Reset de nuestra Memoria Física, que modifica directamente los parámetros y arquetipos (códigos, creencias y valores) que nos permitieron construir y formular la realidad que conocemos y concebimos hasta ahora. El cuerpo reconoce su sabiduría e inteligencia natural, una programación básica que determina su correcto funcionamiento y alineación con energías cósmicas y telúricas. Así, día a día se va purificando espontáneamente de las toxinas acumuladas generación tras generación, como una semilla que inicia su proceso de germinación. Una nueva forma de Vida va emergiendo.

Permitir este proceso no depende de un gobierno, de la decisión de un político ni de una empresa. Reunámonos entre los que confiamos en que la luz se esta implantando en nuestro mundo para ser canales y contribuir conscientemente a disolver la negatividad de eones; “solidificando lo bueno”. Seamos uno, que significa afinarnos en una misma frecuencia de hermandad, respetando las diferencias y cooperando en las coincidencias. Repensemos nuestro mundo para diseñar nuevas sociedades.

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