EN EL DÍA DEL AMOR

EN EL DÍA DEL AMOR

El domingo pasado estuvimos en Lujan celebrando el Día del Amor, una fecha muy especial del calendario que muy pocos conocen, y que, cómo compartió Carlos Fernández, encargado de guiar el encuentro, es mucho más que una excusa o razón de poner el foco sobre un tema en especial. Detrás de esta primera aproximación al asunto del amor y la conciencia, de querer recordarnos la necesidad de que todos los seres humanos tenemos de amar y ser amados, descubrimos la poderosa sincronización que se produce en nuestros corazones cuando los tiempos de la Tierra, el Sol y el universo entero, se alinea con nuestras intenciones y pensamientos más profundos. Es así que un acto ceremonial puede generan una onda expansiva que conmueve los corazones y eleve nuestro ser en su nivel de conciencia y percepción de la realidad. Frente a la Basílica de Lujan, cónclave espiritual y energético de Argentina, nos reunimos para meditar y reflexionar, adentrarnos en nuestro interior y sanar, recordando el nacimiento del Maestro Jesús y su mensaje de vida. Me atreveré a compartir mi testimonio.

Todos estamos sufriendo o padeciendo algún dolor. Es común al ser humano sentirnos por momentos de nuestro camino algo vacíos, perdidos, desilusionados, apagados, tristes, impotentes, poco queridos o tenidos en cuenta. Se ha vuelto hasta algo natural el contentarnos con poco o casi nada, abandonar los sueños y reducir el sentido de la vida a un simple hecho biológico. Creo que todos estamos viviendo diferentes procesos de aprendizaje vinculados al simple hecho de estar vivos y respirar, pero que no es común reconocerlo, aceptarlo y decidir explorar esta alternativa. Lo más evidente es quedarnos con la idea científica del desarrollo biológico de nuestros cuerpos, que cumple con un sin fin de movimientos internos y cambios tanto a nivel hormonal como de los sistemas que componen y autoorganizan la dinámica del cuerpo humano. Dentro de esta interpretación, sufrimos todo tipo de malestares, desequilibrios y enfermedades, como suele llamarse hoy en día cuando alguna parte, en general algún órgano de nuestro cuerpo, no funciona del todo bien. Pero no sería justo quedarnos con esta visión del asunto humano. Sabemos que no solo somos un cuerpos, porque además nos expresamos a través de nuestras emociones y construimos una identidad en base a nuestras creencias, hábitos y costumbres. A la parte del crecimiento del cuerpo, todos soñamos, pensamos, nos nutrimos de ciertas ideas que nos llevan a la reflexión, y dedicamos nuestra energía física, mental y emocional a algún fin en particular. Aunque claro, en general, todo ese caudal de información y energía es direccionado para sobrevivir. Entiendo que en este punto, todos somos iguales. Claro, que a partir de esta “estructura común” que nos conforma, existen cantidad de matices, variables, posibilidades y caminos. Cada ser humano nace, crece y muere, y en el trascurso va dejando una huella, una obra, una vida. La muerte, nos empata. Pero la vida nos diferencia en absoluto. Los trayectos pueden ser muy diversos, ricos y complementarios, por más que en la actualidad prevalezca el mencionado instinto de supervivencia que nos impulsa a seguir compitiendo para conseguir nuestro alimento, en un mundo donde ya no existen razones lógicas para estar enfrentándonos por los recursos y bienes. Desde mi óptica, la humanidad va rumbo a la cooperación, la complementariedad y la integración en pos de objetivos comunes que beneficien a toda la población y la continuidad de la especie. Es esto, o la autodestrucción. Según las tradiciones espirituales, dentro del camino de evolución, luego de comprender estos 3 niveles de desarrollo principales: físico, emocional y mental, accedemos a un grado de conciencia aún mayor, un 4 nivel. Y es desde allí, donde muchas corrientes religiosas nos hablan del cuerpo conocido como alma. Es hoy la época donde lo religioso, lo científico y lo artístico se acercan como cosmovisiones, ideas y formas de ver el mundo, un mundo por cierto, misterioso y caótico, al que nos empeñamos en ponerle un orden. Tal vez el alma sea un concepto más, sin embargo, sea el paradigma que elijamos para comprendernos, el alma como tal, toma cada vez más protagonismo, ¿Será porque es ella quien puede ayudarnos a dar este paso en nuestra evolución? Cuando asumimos que debe existir algo, por “fuera de la forma” que la “anime”, nuestro sentido de la vida comienza a ser transformado. La idea de misión y propósito comienza a pulsar y a modificar hasta nuestra biología. Las células son inteligentes, y reciben ese mensaje, algo así como: “mira, este loco esta recordando, vamos a tener que ponernos a tono, dejar de hacer lo que hacíamos y comenzar a hacer otras cosas más”. No tengo dudas que una fuerza interior, al igual que lo muestran en la Guerra de las Galaxias, sujeta al individuo y lo hace moverse y querer aprender más sobre los grandes misterios y enigmas que lo rodean; fuerza poco estudiada, pero en si, cada vez más reconocido por las comunidades científicas del mundo. En esta búsqueda, la del espíritu, también encontramos diversidad, ya que quienes caminan los caminos son personas con los más variados intereses y objetivos, con necesidades a veces opuestas o radicalmente diferentes. Aunque no por ello, imposibles de conciliar o armonizarse. Lo biológico parece estar en lucha, sin embargo, si cambiamos el punto de vista, podemos descubrir una constante cooperación por seguir viviendo, por “mantenerse aflote”. Lo mismo en el orden de lo social y político. Hay grandes diferencias, que en vez de negarlas, deberíamos poder integrar. Cuesta, porque justamente, carecemos de ese elemento que “amalgama las cosas”, algunos lo llamamos Amor. En las ciencias esotéricas, se lo ha asociado con el quinto elemento, que completa la serie del fuego, el agua, la tierra y el aire. Todo lo que existe estaría compuesto por estas 5 fuerzas. La medicina china, por ejemplo, con más de 5.000 años de antigüedad, nos habla al respecto. Y la misma sabiduría se encuentra en los pueblos nativos de los Andes. Es común a la especie humana este conocimiento y sabiduría.

Aquí es donde el encuentro del domingo pasado en la Ciudad de Lujan toma gran relevancia, como acto conmemorativo en favor de lo humano y trascendental que habita en nosotros. A priori, lo que sucedió puede ser fácilmente catalogado como sectario, religioso, fanático y tantas otras formas que tenemos los hombres de etiquetar una reunión donde se habla en términos “complejos”, causi de ciencia ficción, y donde parece mezclarse todo en una ensalada de colores y estilos. Es justamente a lo que me refiero con respecto a las diferencias y formas de ver el mundo. Es muy difícil generan un coincidencia completa en ello. Y a veces, por pretender llegar a muchos, terminamos sin llegar a nadie. En ese sentido, debo reconocer la labor comprometida del grupo de Lujan, quienes tuvieron el valor de asumir tal misión, en un espacio público como es la Plaza Belgrano. Los conflictos están a la orden del día, y como si fuera poco, suelen volverse hasta más radicales en torno a grupos que apuestan por un cambio y transformación de la realidad. Pasa en las parejas, familias, entre hermanos, compañeros de trabajo y amigos. No es tarea sencilla la de armonizar y empatizar para afinarnos bajo un mismo objetivo, donde el aporte de cada uno pueda expresarse. Sin embargo, el amor y la conciencia es lo que puede unir todo ese mar desordenado de la percepción de la mente humana, que tantas interferencias y distorsiones puede generar y sostener en el tiempo. Y debo de decir que esta no ha sido la excepción, las resistencias y diferencias existen. Sin embargo, el domingo, por sobre la forma, las imágenes, las palabras y vestiduras, prevaleció una “intención de fuego” que logro unir y acercar nuestros sentires para sostener algo poderoso. Yo fui como testigo, a acompañar, y termine involucrado hasta lo más hondo de mi ser en lo que estaba sucediendo. Y creo que muchos de los presentes van a coincidir en que algo mágico paso allí, frente a la Basílica, bajo un cielo estrellado en una noche fría y ventosa de marzo. Y con algo mágico me refiero al poder de realizar lo que se desea y crear.Se que cumplimos con la misión encomendada. Voy a intentar resumirlo en unas pocas palabras: la Energía Arco iris esta ahora resonando con mayor claridad y simpleza en los corazón que nos acercamos a compartir y celebrar.

Agradezco públicamente al Grupo Lujan Medita por su enorme esfuerzo, a Carlos Fernández por su incondicional amor, a los hermanos de Uruguay por entregarse con su gran corazón y humildad, y a la música de Ambhar que nos apoyo de principio a fin, haciendo posible con sus melodías y cantos, que las resistencias fueran cediendo. Todos los presentes fuimos importantes, hasta ese perro negro que muchas veces no registramos y pisamos, nos dejo un mensaje fundamental respecto al aceptar y abrazar las sombras, si queremos seguir creciendo en amor y evolución.

El 19 de marzo del 2017, había vivido mi experiencia de contacto más impresionante. Y ahora, un año después, la sensación de seguir en el mismo camino, trayendo la información cósmica a la Tierra. El universo esta haciendo un llamado. Cada vez somos más los que estamos tomando la decisión de contribuir a la sanación y transformación de forma consciente. Celebro este encuentro y todos los encuentros que están por venir.

En profundo agradecimiento

Rodrigo Accurso

Buenos Aires, 26 de marzo de 2018

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